Revista Electrónica Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación. Vol. 2, núm. 2. 2004

Editorial

POLITICAS PÚBLICAS Y FACTORES DE MEJORA ESCOLAR

La escuela latinoamericana parece haber sido víctima de una crisis de desorientación general. La crítica vigente desde los años setenta al carácter reproductivo del sistema educativo -originada en obras clásicas como la de Bourdieu y Passeron, Bowels y Gintis, entre otros- sumada a la crítica al autoritarismo del maestro, han dejado a docentes y escuelas con desorientación y a veces hasta desesperanza.

Por otro lado, los resultados de nuestros sistemas educativos no son muy halagadores, a pesar de que, sin duda, ha habido progresos -especialmente en cobertura de las edades más jóvenes-. Pero todo lo referente a calidad y equidad deja mucho que desear y parece estar en este momento en una especie de limbo en lo que a políticas públicas se refiere.

Las políticas públicas para la educación requieren intervenir sobre los factores desencadenantes que actúan sobre aquello que efectivamente mejora el trabajo de las escuelas y de los docentes. Ahora bien, ¿cuáles son esos factores? Podríamos atrevernos a simplificar mucho afirmando que son: el fortalecimiento de la escuela y el mejoramiento de la formación inicial y de las condiciones de trabajo de los maestros. Claro que dentro de ambos factores cabe todo.

¿Cómo fortalecer la escuela? Obviamente, lo primero son los recursos. Las escuelas deben disponer de una planta física digna y de materiales didácticos -tanto bibliográficos como no bibliográficos- suficientes. Pero además, y sobretodo, debe disponer de directores capaces y responsables. Toda la literatura sobre la eficacia escolar es consistente en la importancia que tiene un buen director en escuelas que funcionan bien. El efecto director es quizás un efecto indirecto: No es él quién da una buena clase en el aula, esto lo hacen los maestros. Pero la creación de un ambiente y de unas condiciones de trabajo que favorezcan a su vez un buen trabajo en las aulas es algo que depende de los directores. Y este factor es quizás uno de los menos fortalecido por las políticas públicas de la mayoría nuestros países. Los directores escasean y los buenos ¡ni se diga!. Existen propuestas para incentivar a los docentes para formarse y aspirar a cargos directivos, existen también centros y programas de formación de directores. Quizá podríamos hacer de este tema una bandera para presionar en nuestros países y lograr un mayor interés de los gobiernos.

Por otro está todo el tema de quiénes son y cómo se forman nuestros docentes. En muchos estudios, se ha establecido que la mayoría de quienes cursan la carrera de educación lo hacen "por defecto". Es decir, no escogen la carrera por vocación sino porque no tienen una alternativa mejor por sus calificaciones en los estudios de secundaria. De modo que, además de que no seleccionan la carrera, tampoco serían aceptados en casi ninguna otra. Esto ha incidido en el nivel de los estudiantes y de las propias carreras. Por otro lado, las universidades parecen no especializar lo suficiente y muchos de los egresados se lamentan de no disponer de herramientas teórico-prácticas que orienten y faciliten su desempeño. La escuela no es tampoco una buena escuela para los docentes y los resultados son los que todos conocemos.

Es necesario aprovechar las experiencias que existen en programas de mejora escolar para elaborar propuestas masivas de trabajo con directivos y docentes para avanzar con lo que tenemos, sin esperar a que se den cambios estructurales mayores. Pero también hay que actuar sobre los factores desencadenantes de mayor trascendencia. Disponer de buenos directores, crear condiciones de trabajo atractivas para atraer a mejores estudiantes hacia la carrera docente y mejorar la formación universitaria son elementos cruciales. Nuestros sistemas educativos deben ser objeto de diseños de políticas públicas que orienten claramente los recursos hacia la mejora de la calidad y la equidad. Pero hay que hacerlo con orientaciones claras hacia los factores de eficacia escolar. Es decir, la capacidad de la escuela para producir justicia social a través del trabajo pedagógico.

Mariano Herrera
Coordinador Nacional de RINACE en Venezuela
Centro de Investigaciones Educativas y Culturales (CICE)
Venezuela


 

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